limitada

Algo tan único de mí y creo que es por ser "ser humano"... la incapacidad de ver en qué condición estoy, y de escuchar a mi madre cantando su vida corriendo lágrimas en mis ojos.
Por último supiera claramente por qué lloro, pero no. Un vacío y confusión, o quizás sólo una, confusión.

¿Qué hacer para con todo mi ser confiar? mi cuerpo me reclama algo, y puede ser estrés o puede ser desconfianza; no lo sé.

¿Tantos años con una duda rondando en mi corazón? Tanta inseguridad, tan poca valentía? qué busco, qué quiero? Cuál es la VERDADERA respuesta al proverbio "instruye al niño en su camino y aún cuando fuere viejo no se apartará de él". Cuando digo verdadera, no es la típica aplicación del versículo, o idea que todos creen, voy a lo que quiso decir el sabio con eso. ¿Cuál es mi camino? Tengo unas corazonadas, tengo unas ideas, tengo unas pasiones... lo que siempre hago, pero será ese el camino? no parece muy "bonito" aunque es perfecto en gran manera para mí. Si me quitaran eso, creo... moriría, no por negar a Dios, sino porque pienso que es una de las cosas con las que me creó. Pero igual tengo muchas dudas.

¿Quedarse sola? tener una amistad y ahora estar bajo mil llaves? otra vez lo de siempre?

Conclusión: soy muy limitada y no puedo hacer más de lo que quisiera, y aún lo que más quisiera no es lo mejor, pero la grandiosa melena del León, sus grandes ojos en los que me pierdo y reflejo, están conmigo, de eso sí estoy segura. Si no fuera por mi León...

Tú me escuchas, y no te quedas ahí, gritas conmigo.

Hasta ese momento había estado mirando las enormes patas delanteras del León y sus inmensas garras; ahora, en su desesperación, lo miró a la cara. Lo que vio le produjo la sorpresa más grande de su vida. Porque la rojiza cara estaba inclinada cerca de la suya y (maravilla de las maravillas) en los ojos del León había grandes y relucientes lágrimas. Eran tan grandes y tan brillantes sus lágrimas en comparación con las de Dígory, que por un instante sintió como si el León estuviese más afligido por su madre que él mismo. 
[Fragmento de -Las Crónicas de Narnia, C. S. Lewis, El sobrino del mago; capítulo XII, página 86, Editorial Andrés Bello] 




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